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Era espuma rosa. Era perfume jazmín, pero un jazmín lejano y desconocido. Ella. Era la eximia representante de la perfección. Era demasiado lejana para aprehenderla. Era comunicación fluida y certera, pero fría e insatisfactoria para mí. Ella. Para mí nunca. Intransigencia flexible llena de compasión.
El veneno dulce que daba la vida, ella era. El viaje en el tiempo que nunca terminaba. Era. Fue una especie de marea estival y fugaz, donde intenté bañar mis deseos. La perseguí por tierra, mar y aire en un mundo de fantasía. Todo su mundo era real para mí.
Era la corteza y el corazón del amor. La musa impecable que danzaba en la lejanía,
Era ella, pero nunca la pude alcanzar.
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