MN La importancia de estar por la Región de Murcia
Guía Sorteos Buscar

Tiempo de lectura: 4 min

El helecho (Surrealismo invernal)

El helecho (Surrealismo invernal)
Nadie pregunta por la vida de los helechos…

Era un día radiante en el estudio de televisión "Vistavisión”. El presentador, Pietro, conocido por su carisma y sentido del humor, se encontraba a punto de iniciar su programa en directo. La adrenalina corría por sus venas mientras la cámara se encendía, pero justo en ese momento, los nervios lo invadieron. El teleprompter había decidido tomarse un día libre y , al revisar sus bolsillos, se dio cuenta de que no tenía ni una nota que pudiera salvarlo.

"Bienvenidos a “Vistavisión”... o al menos eso creo", comenzó el presentador, intentando ocultar su desconcierto. La audiencia estalló en risas, alentándolo a improvisar. Sin otro recurso que su imaginación, comenzó a contar una historia sobre un helecho llamado Fernando.

"Fernando no era un helecho vulgar", dijo Pietro con voz melodramática. "Vivía en una maceta en un balcón soleado. Todos los días, cuando el sol asomaba por el horizonte, Fernando se estiraba hacia la luz como si estuviera saludando al mundo". Los espectadores se rieron al visualizar al helecho con brazos imaginarios.

Pero eso no fue todo. Pietro continuó: "Un día, algo extraordinario sucedió. ¡Fernando comenzó a hablar! O más bien, ¡a cantar! Su voz era tan melodiosa que los pájaros se detenían a escucharle". La historia se tornaba cada vez más absurda y divertida. La audiencia estaba enganchada.

Justo cuando la locura parecía no tener fin, apareció el dueño de Fernando, un hombre alegre llamado Don Ginés. "Don Ginés llegó con su azul regadera de flores y empezó a bailar como si estuviera en algún concurso de baile", relató Pietro entre risas. "¡Bailaba alrededor del helecho mientras regaba con entusiasmo! Y claro, Fernando no podía resistirse a un buen ritmo".

Un señor calvo, pero no mucho, y jubilado veía el programa en la sala de estar, en un piso añejo, en un edificio grisáceo, en la Calle Cruz, en una lejana ciudad. Observaba a aquel presentador que expulsaba burbujas de improvisación y comedia por su boca. Cautivado por aquel programa, agarró el móvil y empezó a recomendarlo a todos sus conocidos. Y los conocidos hacían lo mismo con sus círculos de amigos, tejiéndose una telaraña infinita de espectadores frente al televisor.

En un piso rancio, en un bloque solemne, un hombre entradísimo en kilos, conocido como el “Gordo Infame” miraba el programa con una sonrisa, pese a tener un humor de espanto. Comía chuletas y chorizón con ansia, sin parar. Pedía continuamente a su sirvienta india que le renovase el plato.

En algún lugar de Murcia, cerca de la Calle Trapería, una familia de mormones disfrutaba de los delirios de Pietro. El enano que vivía justo en el piso de arriba, se encontraba embelesado con el programa del helecho.

Televisores en blanco y negro, televisores en HD, televisores panorámicos… una orgía de televisores inyectaba en las retinas la imagen del locuaz presentador.

La historia se volvía cada vez más disparatada; Pietro describió cómo Fernando y Don Ginés formaron el dúo musical más famoso del vecindario, llenando las calles de alegría y canciones pegajosas sobre la vida en el balcón. Y no usaban auto-tune. Las imágenes de un helecho cantando mientras su dueño danzaba con una regadera eran tan hilarantes que la audiencia no podía parar de reír. El presentador improvisó una canción inventada.

Al finalizar el programa, Pietro se sintió eufórico. La improvisación había resultado ser un éxito rotundo; todo esto era el comienzo de algo…

¿Qué te ha parecido?

5 lectores ya han votado. Tu voto queda en este dispositivo.

Ya has votado esta noticia

Noticias relacionadas