Chile permanece en vilo desde el pasado miércoles a causa de la desaparición de un niño de tres años. Al menor, llamado Tomás Bravo, se le perdió la pista cuando salió al campo con su tío en la localidad de Caripilun, un sector rural y de difícil acceso ubicado en la comuna de Lebu, en la Región del Biobío, al sur de Chile. Desde entonces, cientos de bomberos, militares y voluntarios trabajan en la búsqueda del pequeño.
Las labores de búsqueda se han extendido a tierra, mar y aire. Más de mil personas trabajan sin descanso para encontrar a Tomás. "Lo único que quiero es encontrar a mi nieto", comentaba su abuela, un deseo compartido por todos aquellos voluntarios y miembros de las fuerzas armadas, que trabajan sin descanso para dar con el paradero del menor.
Para cumplir su cometido, rastrean pastizales, arroyos y terrenos montañosos cercanos al lugar donde fue visto por última vez. Tomás estaba bajo el cuidado de un tío abuelo, llamado Jorge Vargas, quien según su versión dejó solo al menor un momento para ir a ver a unos animales. Según afirma, cuando volvió el pequeño ya no estaba.
Contradicciones en la desaparición del niño
Una versión que junto a las contradicciones en la vestimenta del desaparecido le sitúan como principal sospechoso. Según el padre de Tomás, en lugar de dar la voz de alarma rápidamente, tardó varias horas en las que incluso visitó antes a una tarotista. “Lo busqué, lo grité altiro, lo llamé y no me contestó”, dijo el tío abuelo
Carlos Sanhueza, jefe regional subrogante de la Policía de Investigaciones del Biobío, confirmó que personal de la institución trabaja bajo dos probables hipótesis. "En el plano investigativo, la Brigada de Homicidios está llevando a cabo la investigación de los diferentes cursos de acción que existen de acuerdo a las hipótesis. Pudo haber sido un hecho accidental, o haber existido la intervención de terceras personas", manifestó el policía.