¿Cuál es el problema? Las expectativas que generan. Un ejemplo, ¿nos vamos de viaje con los niños en -navidad?
¡Vaya! Metete en Instagram. Esta Navidad todo el mundo ha ido a Alsacia, un destino turístico increíble, encantador y muy típico navideño, con trineos, nieve… Unas fotos increíbles.
¡Vaya!, que hace un “frío que pela”, que los niños no pueden andar por las calles por la cantidad de nieve que hay y que se ha puesto a unos precios prohibitivos.
Imagínate que haces un gran desembolso y tus hijos son demasiados pequeños como para disfrutar del lugar y finalmente lo recuerdas como una odisea de lloros y lamentaciones, pero vaya tu Instagram te aseguro que mostrará lo fantástico que ha sido.
Volvamos a las expectativas. Cuando no se alcanzan, nos generan malestar y sensación de vacío.
Y se crea en nuestro interior un deseo de “algo nuevo” que elimine ese malestar generado y para rellenar ese hueco lo antes posible.
¿Qué va a ocurrir en generaciones que pasan cada vez más tiempo en redes sociales?
Personalmente como padre me preocupa y es que:
Me da miedo pensar que esta forma de consumo, se extrapole a todo… trabajo, pareja, aficiones…
Así que, en una sociedad tan acelerada, mi deseo para este año es:
Somos los dueños de nuestra propia vida y de aprender a disfrutarla.
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